
Hoy tuve una gran ilusión, soné que descansaba, entre sabanas blancas con encajes y blondas y allá en el fondo de mi cuarto me acompañaba un osito de peluche, mi compañero el tierno, él me miraba y parecía triste y yo no podía alegrarlo, no podía abrazarlo.
Conmigo había varias personas: una me maquillaba, otra me peinaba y otra me vestía con un traje como de ángel, todos se preocupaban por mi apariencia:”Esta muy pálida“, y me pusieron color, arreglaron mis manos; y así yo descansaba.
¿Y que pasaba? Por qué todo el mundo corría? ¡Ah! Pues ya se acercaba la hora del viaje y yo…
debía estar lista, pintaron mis labios de rojo carmín, cepillaron mis cabellos ondulados y sueltos, los adornaron con siete pequeñas flores de color rosa pálido, otros alistaban la música, las sinfonías de Mozart, Beethoven, Juan Sebastián Bach, los violines de Paganini, la opera Aída, la Caballería Rusticana, Rigoletto, mi música preferida, la que tocaba mi alma.
Mi cofre era como lo deseo, del color de la esperanza, verde manzana, su estilo muy moderno líneas claras y formas puras, metálico, con tres transparencias circulares, una para los que soportaron el peso de mi existencia, otra para las que labraron mi destino, otro para el espejo de mi alma y una cruz en la cadera para que los males no me persigan al mas allá.

Me colocaron en él y me llevaron en un carro de colores suaves adornado con ramilletes de bombas, que portaban entre si, flores atadas por lazos de cintas, no llevaron coronas, que bueno, todo el mundo llevó bombas con flores y lazos de cintas de colores, habían tantas flores, tanta belleza y detrás otro carro, donde los músicos tocaban y sus notas se escuchaba en ese gran silencio.
Llegamos al sitio indicado, con la música, las bombas y nuestras flores, había mucha gente, por fin me sentí acompañada, me colocaron en los cordeles y leyeron mi mensaje.
“LA ALEGRIA DE VIVIR”
Sé alegre,
Aunque parezca imposible
y nadie lo quiera.
Sé alegre,
sonríe al sol, al viento,
a las aves del firmamento
sonríe hasta el cansancio
Que da la alegría de vivir.
Solo así iras al otro mundo:
con respeto y sosiego,
Con paz y elegancia
sobre caminos de alfombra
Así recorrerás el camino
de la vida a la muerte,
Como se recorre la iglesia,
En el día de nuestra boda,
con alegría y esperanza
Donde paso a paso
Nos acercamos a otra vida.
Después de la lectura me colocaron en mi puesto y descansé y llegó la paz y todo quedó tranquilo, el sosiego eterno, la luz eterna, la verdad eterna, el amor eterno, el infinito, el mundo de la gran luz, por fin lo había alcanzado.
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